“Eres bronce en el que se refleja el sol”

(εἰς τηνδε ἡεμεραν)

Playa y humo. El rumor de las olas y él sosteniendo su espada en un puño.
Él lo miró e intentó sonreír. Apoyando su mano en la mejilla de Aquiles y la otra en la que sujetaba la espada, hizo que ésta relajara la tensión.
La espada cayó a la arena.

(εἰς τηνδε ἡεμεραν)

Pero ahora la mano pertenecía a un fantasma al que no podía aferrarse, besar, solo llorar, que se deshacía en humo ante un abrazo.
Aquiles, temblando, sentado sobre un peñasco, intentó sustituir la calidez de su compañero rodeándose de sus propios brazos.

Humo y playa. El dolor del silencio y delante de él la llamada en un mar de color de vino.

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