Realidad privada.

Tener miedo de la oscuridad y huir de ella no va a solucionar nada. Puedes fingir que te protegen, si eso te hace sentir mejor, pero, en el fondo, no hay nadie.

Sólo tú.

Como siempre. Como todos.

Y tienes que entenderlo y luchar. No sólo por ellos. No sólo por una persona. Y, especialmente, no para alguien. Por y para ti. Aprender a vivir la vida que intentaron arrebatarte y todavía están a punto de hacerlo. A no ser que no te rindas.  A no ser que todavía quieras sentirla.

Sentir la lluvia. Sentir la alegría. Pero también la tristeza.

No pasa nada si estás triste: eso no quiere decir que no seas feliz. Es sólo un golpe pasajero. Una herida más que se sanará. Que se abrirá otra vez más. Y la volverás a curar.

Tú.

Porque no necesitas a nadie más en tu propia realidad privada.

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